Consumir fruta en forma de zumo es la peor opción posible. Al exprimirla, se pierde casi toda la fibra y la mayor parte de las vitaminas y minerales.
En el zumo quedan principalmente azúcares simples, es decir, lo menos necesario y, a veces, incluso perjudicial.
En las frutas, como por ejemplo en las naranjas, los azúcares simples son neutralizados por la fibra, las vitaminas y los minerales, mientras que en el zumo se absorben rápidamente en la sangre.
El azúcar de los zumos de frutas se incluye entre los azúcares añadidos, que los médicos recomiendan limitar.
Por lo tanto, las personas que no pueden renunciar a estas bebidas no deben beber más de 200 ml de zumo fresco al día.
